El viaje de un autor
No llegué al mundo editorial desde una editorial. Llegué desde el otro lado: desde la mesa de un autor desconocido con un manuscrito terminado entre las manos.
Por Ignacio Ríos Guzmán
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El manuscrito
En 2019 terminé de escribir mi primer libro, El Impulso. Como cualquier autor novel, sentía una mezcla de orgullo, nervios y esperanza. Estaba convencido de que había creado una buena obra y de que el desafío sería encontrar la editorial adecuada.
La realidad fue muy distinta.
Lo que aprendí: terminar el libro es el final de una historia y el comienzo de otra que nadie te cuenta. -
La puerta cerrada
Empecé a contactar editoriales y agencias literarias en Chile. Muchas no aceptaban originales. Otras respondían que estaban saturadas. Algunas confirmaban la recepción, pero advertían que, si no había respuesta en cierto plazo, la obra estaba descartada.
No me quedé en Chile. Escribí a editoriales de habla hispana en todo el mundo. Las únicas respuestas fueron de las que te ofrecen todo a cambio de tu dinero. Y conseguir un agente literario era todavía más difícil: casi ninguno recibe a un autor que nadie conoce.
Necesitas ser conocido para que te presten atención, cuando justamente lo que buscas es una oportunidad para darte a conocer.
Lo que aprendí: el silencio de una editorial no es un juicio sobre tu libro. Es cómo funciona el sistema. -
El otro sistema
Descubrí que existía un enorme ecosistema de autopublicación, y así llegué a Amazon. Pero desde Chile nada era simple: cobrar las ventas, configurar las cuentas, entender los impuestos, los formatos y la distribución internacional.
Y descubrí algo que pocos autores conocen al comenzar: alrededor de la autopublicación existe toda una industria. Empresas que prometen hacerlo todo por ti y que, muchas veces, terminan quedándose con una parte importante de los ingresos del autor.
Lo que aprendí: el problema no era solo publicar. Era entender el sistema. -
El libro en mis manos
Encontré una pequeña editorial chilena que me ayudó con la diagramación, la portada y la impresión. Publiqué El Impulso en papel y viví una de las emociones más grandes que puede sentir un escritor: tener por primera vez su libro en las manos.
El lanzamiento nunca ocurrió como estaba planeado. Poco después llegó la pandemia.
Lo que aprendí: el libro impreso es una alegría enorme; un lanzamiento necesita algo más que el libro. -
Al mundo, por mi cuenta
No me detuve. Aprendí solo a publicar en Amazon. Contraté a un traductor profesional para la versión en inglés. Con los años publiqué nuevos libros, saqué mis propios ISBN y llevé mis obras al inglés y al portugués.
También pagué por publicar con una editorial de servicios. Me prometieron un artículo en el medio más importante: era una nota pagada, publicada en una sección de comunicados, que no vendió ni un solo libro. Me ofrecieron 170 librerías digitales: ninguna estaba en Chile.
Lo que aprendí: lee cada contrato, pregunta qué incluye exactamente cada servicio y nunca cedas tu ISBN ni tus archivos. -
El mismo muro
Cada vez que termino un libro vuelvo a sentir la alegría del proceso creativo. Y cada vez que llega el momento de publicarlo, vuelve a aparecer el mismo muro.
Escribir un libro es difícil. Lograr que los lectores descubran que existe puede ser todavía más difícil.
Para quienes no somos celebridades ni tenemos grandes campañas detrás, ese camino suele ser largo, complejo y muchas veces solitario.
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La Hormiga
Por eso nació La Hormiga Editora. No es una editorial más ni una agencia: es un escritor que decidió acompañar a autores que están viviendo lo mismo que yo viví. Para ayudarlos a evitar errores, entender el proceso, conservar su independencia, decidir mejor y llegar a sus lectores.
Lo hago con el mismo cuidado con el que trabajamos en Fourmi para museos de todo Chile, y con la cercanía de alguien que estuvo exactamente donde tú estás.
Detrás de cada libro hay una historia. Y detrás de cada autor hay una persona que merece ser escuchada.
¿Estás en alguna de estas estaciones?
Escríbeme y cuéntame dónde estás. Te respondo yo.